Caminando hacia Habana Vieja

Hoy el día arranca algo más tarde, tengo la intención de empezar a ver algo de la Habana Vieja, la zona más turística de La Habana, pero nunca se sabe lo que encontraré por el camino. Los medios de transporte son muchos y variopintos en esta ciudad, hay taxis convencionales, bici taxis, los coco taxis son una especie de huevos amarillos con tres plazas además del conductor, los almendrones o máquinas son coches antiguos, de los 60, que son los «carros»que quedaron anteriores al bloqueo estadounidense y las guaguas o colectivos que son los autobuses clásicos de toda la vida. Las máquinas, que están que se caen a pedazos, suben a la gente según van por la calle hasta que se llenan, son muy económicos y tienen rutas fijas, hay que saberselas. Hay otro tipo de coches antiguos que se dedican más a los turistas, están muy bien cuidados y son, generalmente, descapotables, su precio es otro, claro. Yo me alojo a casi 4 km de la Habana Vieja, en el Vedado y el medio de transporte, por ahora, es el coche de San Fernando…No hay mejor forma de empaparse de ciudad y de sus gentes, ademas me conviene andar.

Al poco de salir de casa, tomo la calle Neptuno, empiezo en el Nº1700 y tengo que llegar al Nº1. Adelante. Nada más empezar, me encuentro con una bodega, me paro. Miro y en su interior hay una sola persona, dos botellas de aceite y una caja de huevos. No veo mucho más. Quiero hablar con el señor, así que no tengo muchas opciones. ¿A como tiene los huevos? Pregunta tonta si hubiese sabido lo que ya se ahora. Las bodegas son los locales del gobierno donde, cuando hay género, se vende, a los habitantes cubanos del barrio donde se ubica, la cantidad fijada por persona y ni una libra más, previa cola de, en ocasiones, horas. Aceite 1 litro persona mes. Arroz cinco libras al mes, y así a precios muy económicos pero cantidades,claramente insuficientes para subsistir. El resto de la comida hay que comprarla en los puestos callejeros y buscarse la vida para conseguir el dinero. Todo esto y mucho más me relata Daián que lleva 12 años en este lugar. Le pregunto si puedo hacerle una foto. Acepta a regañadientes, con la mascarilla puesta, pero me impide que los huevos salgan en la toma, no se la razón. Me despido y sigo mi camino.

Avanzo rápido por Neptuno contemplando escenas callejeras pintorescas y tomando buena nota de ellas. Llego a un colegio. Las ventanas abiertas pero enrejadas me permiten ver y oír a la profesora impartiendo una clase de gramática española a los niños. Contiguo al colegio hay un zapatero remendón, un local muy pequeño. Dentro está sentado Dionisio cosiendo unas sandalias. Tiene 89 años. Fue militar rebelde, después camionero y ahora zapatero. Cobra una pensión pero puede trabajar para complementar. Me habla de su paso por el ejército, de lo que aprendió allí, de la suerte que tuvo, pues gracias a ello ha conseguido este local que le han intentado quitar varias veces pero su expediente lo ha impedido. Hablamos de los «Españoles» y nos lanzamos puyas mutuamente, nos reímos y se suma un amigo suyo que pasaba por ahí. Antes estabais por encima y os mandamos para casa y mira como estamos ahora, sonríe. Me cuenta sus problemas de próstata, que sangra de vez en cuando y que está en lista de espera para que le atiendan, no tiene dinero para hacer un donativo y que le atiendan antes… en la zapatería le ayudaba su hermano menor pero se lo llevó la pandemia y ahora está solo. Me despido con un apretón de manos y otro nudo en la garganta.

Vuelvo a comer en el Chago la Habana. El restaurante me cae cerca de aquí. Los camareros han cambiado. Hay dos turnos que se alternan. El cocinero es el mismo, Raúl, cuando termina su trabajo viene y charlamos de política durante casi una hora. Está convencido que esto no va a cambiar nunca. Yo le apuesto a que antes de un año ha cambiado y se ríe sin convicción. Le pido su teléfono para llamarle dentro de un año a las 11h de la mañana de España para felicitarle por el cambio. Hacemos unas risas y me voy.

He llegado a la Habana Vieja, me acordaba de algo de hace 10 años. Sigue igual. Calles empedradas. Vendedores. Reclamos. Guías turísticos. Timadores. Gente desfavorecida pidiendo y un sinfín de tipos humanos. Todo impoluto y cuidado. Si vienes a La Habana y solo estás por aquí, no te enterarás de qué va esta ciudad.

Mañana volveré, si puedo, aunque he quedado a las diez con Luis, el trompetista para ir juntos en autobús a no se donde.

Agotado ya, vuelvo hasta el Vedado, a casa, a descansar un poco, por el camino una chica joven intenta que me siente en un banco con ella para explicarme lo mal que trata la policía a las mujeres. Está claro que no me voy a sentar en ningún banco… Continúo mi camino. Al pasar por la bodega, desde la calle, saludo a Daián, me hace un gesto para que entre, les ha llegado mercancía y me regala dos saquitos de café con chícharo molido (garbanzos), los acepto. Le doy las gracias y sigo.

Ha sido un día cansado. Ceno en casa un bocata que he comprado y una Estrella Galicia que he encontrado en un kiosco por 300 pesos…

Hasta mañana

4 opiniones en “Caminando hacia Habana Vieja”

  1. Hola Montxu, porfa…pregunta porque hay siempre ropa colgada … Si se seca en un momento.
    Que viaje más intenso, eso es viajar, que envidia, pero me das un poco de miedo.
    Cuidate mucho.

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    1. Yo creo que la ropa colgada decora la foto y tendemos a fotografíar más los encuadres que la tienen, pero, cierto, la cuelgas y al rato está seca. Podía haber venido solo con quita y pon.
      Un abrazo

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  2. No se puede describir mejor verdad? Ese choque de culturas, gente sencilla tratando de sobrevivir, los olores y sabores distintos…. y al final del día, cuando en la soledad de la habitación hablas contigo mismo, siempre esa frase revoloteando en la cabeza: “ ¿no apreciamos lo que tenemos?
    Gabon Montxu…. Abre bien los ojos y el objetivo de tu cámara y mira através 🦋

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